“La sociedad violenta: el rumbo del Chaco” | Reflexión, por Walter Alejandro Lenkovich


La sociedad chaqueña, ¿una sociedad violenta, o una sociedad violentada? Una sociedad que justifica la muerte, el dolor, la injusticia y el hambre a costa de defender posturas, no ideales, no consensos, no justicias sociales que beneficien a la comunidad, al hermano, al vecino, al otro, a quien cruzamos día tras días por las calles de nuestra provincia.

El siguiente texto es una invitación a la reflexión, para que pensemos lo que nos está pasando como sociedad y tratemos de ser discretos con lo que decimos y pensamos.

Sucede que ayer nos encontramos con hechos indignantes, que conmocionan y causan mucho dolor. La violencia – entendemos muchos – no es el camino a nada, no es la solución a ningún conflicto. Y demás está volver a transmitirles lo que pasó: un grupo de violentos, la policía, vecinos y una mujer en coche protagonizaron un día bochornoso, que se replicó en medios de comunicación oficiales y redes sociales.

Y así fue como nos encontramos, hablando en la cola de un banco, en los colegio, universidades o en Facebook sobre cómo desearíamos la muerte de los piqueteros, o de la señora que se atrevió a cruzar el cerco humano. Nos encontramos justificando la muerte en pos del tiempo, como si fuese más importante llegar a horario al trabajo que la vida de las personas en la calle, que tienen hambre, frió, y padecen las razones de la fiebre: dolores de cabeza y ganas de romperlo todo. Del mismo modo, pretendiendo que agreder a una persona mayor se justifica en nombre de la justicia a mano propia, que se ha escuchado desde otro lado de esta grieta que se generó en las discusiones entre  ciudadanos.

Hemos visto publicaciones del tipo “hubiese preferido que la señora tenga un camión en vez de un auto pequeño” (y otros que pretendían que la mujer del coche muera a golpes). Son los mismos que defienden “las dos vidas”, los mismos que comparten imagen y se acongojan por los animales del Amazonas, los mismos que defienden el derecho de las mujeres a no ser maltratadas y asesinadas. ¡Qué hipócritas somos!

Y vuelvo a preguntarme: ¿Somos una sociedad violenta o somos una sociedad violentada? En todo caso, ¿Quién nos violenta si somos violentados? ¿Qué nos lleva a proponer la muerte, el castigo, la tortura, el dolor, la sangre y la destrucción por sobre la justicia, el valor, la lucha honorable, la palabra y la paz? ¿Acaso la descarga violenta es nuestra única opción o hay más formas de accionar? ¿Hay acaso una, solo una posibilidad para reflexionar?

En lo personal, no he visto a ningún medio de comunicación grande dar pie a la reflexión, a pensar, a tratar de resolver este conflicto social que ellos mismos generaron difundiendo tanta violencia, miedo, odio y bronca maniática. En cambio, presentaron la información de manera frívola, aludiendo a que la violencia fue la que copó las calles de Resistencia. Y ante esto, la sociedad reaccionó – adivinen cómo – de manera violenta. Ante esta situación surgen nombres, cabecillas políticos neo-nazis o grupos que se encargan de amedrentar y pre-juiciar cualquier movimiento social; así surgen ideas maquiavélicas de opresión y odio en la sociedad.

Son los mismos, también, los que justificaron la muerte de un niño en el Barrio 713 de Saenz Peña hace un año. Son los mismos que justifican la muerte a cambio de la seguridad de los empresarios millonarios, quienes no empatizan con nadie. La sociedad está profundamente violentada, porque es provocada para no pensar por los medios, las empresas y cierta parte del poder que se justifica en la Ley del Caos: cuanto más insegura, indignada y rabiosa se sienta la población, más fácil es aplicar políticas opresivas, que generaran hambre y pobreza a la sociedad. Y en síntesis, hablo de una sociedad violenta porque justificamos la muerte, la agresión y la violencia por la vana idea de que el hambre y la pobreza importan menos que el tiempo – que ni siquiera existe-.

Reflexionar sobre la violencia: Es pensar nuestro lado más instintivo como seres humanos, es vernos publicando “ojala la señora del auto haya tenido un camión” u “ojala la hubiesen matado a golpes”. Es pensarnos en una provincia en la que vivimos todos, y cada vida que habita en este territorio es igual de importante que la mía. Es ver a un vecino y abrazarlo, más allá de que no piense como yo. Es querer un mejor futuro para nuestros amigos, hijos y padres. Es salir de la hipocresía de ser pro-vida, defensor del Amazonas y las causas sociales y a la vez justificar la muerte de aquel que no me cae bien. Es mirarnos en un espejo y vernos como animales que tal vez en algún momento de sus vidas se pusieron a pensar en sus propios actos. Es ser críticos de aquello que nos muestran los grandes medios de comunicación y hacernos tantas preguntas hasta que el velo de la bronca, el odio y la violencia sean puestos a la luz y hacernos – posiblemente – más felices el vivir y el morir.