Urtubey, tercero en Salta, cosecha el peor resultado electoral de toda su vida política


Las cosas podrían haber sido peor, de no ser porque quien ayer presumió de ‘no haber dejado ningún heredero’ en Salta se había cubierto previamente las espaldas colocando a sus principales operadores en diferentes listas locales, incluidas las del kirchnerismo.
Los resultados de las primarias nacionales en Salta no han sorprendido a casi nadie. El hecho de que el actual Gobernador de la Provincia Juan Manuel Urtubey y candidato a Vicepresidente de la Nación haya quedado muy atrás de sus dos principales contendientes era algo que la mayoría de los analistas daba por descontado, pero que había que ver reflejado en los papeles.
Con un poco más del 8% de los votos en todo el conjunto del país, la candidatura vicepresidencial de Urtubey no solo se ha revelado como la peor experiencia electoral de su dilatada vida política sino que también es el peor resultado de entre todos los que obtuvieron los salteños que, como él, fueron candidatos a Vicepresidente de la Nación en los últimos 20 años.

La enorme tensión existente entre las dos fuerzas políticas mayoritarias y que ha eclosionado ayer permite augurar que el mal resultado de Urtubey en las primarias podría ser todavía peor en las elecciones de octubre.

Es lamentable, sin dudas que el desastre le haya costado una enorme e incuantificable cantidad de dinero al erario salteño; y lo que es peor, que haya colocado a Salta en el escaparate de la frivolidad, algo que nunca antes había ocurrido.

Si bien este no es el final de la carrera, pues todavía faltan las elecciones que se van a celebrar en octubre, todo indica que la aspiración presidencial de Urtubey, que no es de ahora sino que viene de lejos, ha sufrido un nuevo y quizá definitivo retraso.

A nivel nacional, es poco consuelo para Urtubey el triunfo de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, pero a nivel local, los buenos números del kirchnerismo lo animan de una forma quizá inesperada. Si bien Urtubey es consciente de que le va a costar volver al cogollo kirchnerista -como lo han hecho Sergio Massa y otros sin aparente mengua de su prestigio- las esperanzas no se han perdido del todo. Evidentemente, después de haber llamado con el poco amable apelativo de «chorra» a la ex jefa del Estado, el regreso será dificultoso, pero sus lazos con el kirchnerismo local permanecen intactos y gozan de una envidiable lozanía.

Es por esta razón que casi nadie en Salta se anima a predecir que los resultados de ayer significan que una losa ha sepultado a la frivolidad de la feliz familia gaucha, los costosos viajes en avión a la salud de ingenuidad de los salteños, las pulsiones mayestáticas, el narcisismo de Estado y el mal gobierno. La derrota de Urtubey en las urnas ha sido dura, pero para quien, como él, controla todavía un número bastante importante de resortes del poder, seguramente no es una derrota de la que no se pueda recuperar.

Casi cerradas las puertas a una eventual entrada en el gobierno nacional (se hablaba de que Urtubey podría en un futuro ser ministro de Macri), todo indica que Urtubey debe mover ficha y que debe hacerlo en Salta, pues fuera de sus límites ya casi es nadie. Tal vez, la última maniobra para asegurarse poder e inmunidad a mediano plazo sea la de dimitir de su cargo de Gobernador de Salta unas semanas antes de la expiración de su mandato y hacer que su actual Vicegobernador (si es que no renuncia antes) lo proponga como juez de la Corte de Justicia de Salta. Sufriría así el ego político de quien siempre aspiró a pasear su estampa por los primeros planos, pero la maniobra le daría una enorme tranquilidad personal y familiar.

Nada hace pensar que Urtubey vaya a morir con Lavagna ni que vaya a seguir empecinado en considerar unos demonios a los kirchneristas; sobre todo si se tiene en cuenta que en su mejor momento Urtubey comió de la mano de la expresidenta y alcanzó su cénit en 2015 cuando se convirtió en el jefe de campaña de Daniel Scioli, candidato kirchnerista a la postre derrotado por Macri. Es precisamente esta capacidad de adaptación camaleónica la que le va a permitir a Urtubey sobrevivir en una jungla de intereses y pasiones en la que no falta quien por estas horas esté pidiendo cortarle la cabeza como a las víboras más venenosas.

Las elecciones que acaban de concluir abren un futuro muy interesante para Urtubey, pero ese futuro se abre en Salta, de donde quizá nunca debió salir. Y hablamos de Salta capital, pues vistos los resultados obtenidos por Urtubey en el norte de la Provincia, se podría decir que ya mucho no tiene que hacer por allí. En definitiva, tienen la palabra los salteños, esos a los que Urtubey despreció mientras se valía de ellos, los que no se tragaron el paripé de la reencarnación de Güemes. Son ellos -y no los vecinos del San Isidro- los que tienen mucho para decir en el futuro de un político que quiso morder más de lo que podía masticar.

Es en Salta donde Urtubey tiene todo o casi todo para lucirse, pues en los otros sitios, esos pérfidos que no son salteños parecen haberlo calado sin mucho esfuerzo y descubierto de igual forma sus más preocupantes inconsistencias. Todo ello hasta el punto de que hoy, con un porcentaje de votos casi testimonial, Urtubey es para muchos más una figura del mundo del espectáculo que del mundo de la política seria.